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Tecnoestrés o síndrome de fatiga informativa ¿tenemos que vivir con él?

El gran avance tecnológico, que originalmente surge para facilitar la comunicación y por ende, la manera de hacer negocios en el mundo, por momentos parece rebasar nuestra capacidad para integrar todos sus elementos y aprovecharlos de la mejor manera. Aunado a ello, viene la presión que la sociedad misma ejerce sobre nosotros para incorporar nuevas y más sofisticadas tecnologías. Esta presión genera lo que se ha denominado tecnoansiedad, que al avanzar se convierte en tecnoestrés, al cual se define como “una enfermedad de la era moderna producida por la falta de habilidad para lidiar de manera saludable con la tecnología informática.” En pocas palabras, es una versión moderna de la resistencia y temor al cambio.

El tecnoestrés se manifiesta básicamente como ansiedad, que puede acompañarse de frustración, ambivalencia, irritabilidad, fatiga mental, tensión, dolor de cabeza, depresión, pesadillas, rechazo y miedo, que puede llegar al pánico. Esta gama de síntomas puede repercutir en el incremento del margen de error y por lo tanto en un bajo rendimiento laboral.

En términos más accesibles se dice que el estudio de las reacciones del ser humano para adaptarse e interactuar con las tecnologías de su entorno se llama ergonomía, y lo opuesto, o sea, el vínculo psicológico negativo entre una persona y la introducción y aceptación de nuevas tecnologías es el tecnoestrés.

Las causas
En el año 1995 a través de una encuesta internacional, se determinó que aproximadamente 59% de las personas que participaron en el estudio manifestaron que se “enojan con su computadora”. Se han identificado factores que causan el tecnoestrés, los más frecuentes son:

  • El avance a veces vertiginoso en la tecnología, es decir, sentimos que ya conocemos un programa y en ese momento surge la siguiente generación o la versión “mejorada”
  • La capacitación insuficiente, ya sea por falta de tiempo, por la misma rapidez del avance tecnológico o porque debido a sobrecargas de trabajo no nos tomamos el tiempo para capacitarnos
  • La falta de estandarización de las tecnologías: surgen distintas versiones o plataformas de los mismos programas
  • La sensación de indefensión frente a la tecnología. Leemos los instructivos que nos describen “procedimientos muy sencillos y rápidos” y varias horas después no hemos podido ni siquiera entrar al programa

Pero el tecnoestrés no solamente resulta de la sensación de incapacidad de enfrentarse a la tecnología, en su forma más sofisticada, deriva de la identificación excesiva con la computadora, hasta hacerla imprescindible en la vida.

Si bien es cierto que el tecnoestrés amenaza con instalarse en nuestras vidas, también lo es el hecho de que se han desarrollado estrategias para controlarlo.

Partamos de que el ser humano, al interactuar con las computadoras, tiene manifestaciones físicas (descargas de adrenalina, sudoración excesiva, tensión de los músculos de la mandíbula) y psicológicas (ansiedad, estrés, enojo, vergüenza, miedo, enojo), entonces, es posible medir el tecnoestrés. Esta medición se realiza a través de cuestionarios o listas de cotejo que buscan identificar cuáles son las molestias más frecuentes derivadas del uso de las computadoras, que terminan por generar tecnoestrés:

Problemas relacionados con el tiempo de arranque y funcionamiento de la computadora:

  • Velocidad con que arranca la computadora
  • Velocidad con la que corre un programa
  • “Caída” del sistema, con la consecuente pérdida de información
  • Errores en los programas

Problemas relacionados con el uso de la información:

  • Falta de experiencia en el uso de la computadora
  • Necesidad de familiarizarse más con el software
  • Desconocimiento para resolver problemas técnicos
  • Instrucciones complicadas

¿Cómo controlar el tecnoestrés?
En primer lugar es necesario aclarar que todas las personas se ven afectadas por cierto grado de tecnoestrés en algún momento; pero resulta pasajero y no requiere mayor atención ya que incluso puede usarse en forma positiva porque la persona busca sus propios mecanismos para superar el problema.
Cuando rebasa esa línea, es necesario tomar otras medidas, que pueden tener dos enfoques: en las emociones o en los problemas.
Las estrategias enfocadas en los problemas implican los esfuerzos que se hacen para mejorar las dificultades que se tienen con la computadora y pueden ser: dialogar con la persona encargada del área que nos está generando el problema; buscar más información y no tomar decisiones precipitadas como pedir cambio de equipo o de programas sin antes haber intentado manejarlos de manera adecuada.
Las estrategias enfocadas en los problemas emocionales son las que buscan que la persona logre superar el impacto emocional del estrés y que se sienta mejor. La base de este enfoque es la capacitación, que parte de la aceptación de que la tecnología siempre estará cambiando, en mayor o menor grado, pero cambiará, por lo tanto, no hay que resistirse al cambio.

¿Y si esto no funciona, qué hacer?

  • Técnicas habituales para controlar el estrés en general: identificar el problema, desarrollar un plan para resolverlo, confrontar el elemento estresor.
  • Técnicas de relajación y/o meditación, que buscan que el individuo logre el control sobre su propio cuerpo y cómo reacciona

El tecnoestrés ¿llegó para quedarse?
De cierta manera, sí, pero cada vez será menor y habrá más opciones para controlarlo y llegar nuevamente al equilibro ergonómico que nos permita convivir con la tecnología para facilitar nuestro estilo de vida

 

 
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