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Sintomatología del Autismo

M. en Psic. Psicoanalítica
Javier  Ahedo Andrade
SECUNDARIA: “La inversión pronominal –utilizar “tú” cuando debería decir “yo”- manifiesta anomalías en la comprensión del lenguaje”

“rechaza la ropa nueva, come alimentos determinados y blandos, reacciona de manera negativa ante cualquier modificación en su rutina” 

El autismo es un trastorno del desarrollo tan grave como inusual, de manera que la gente no llega a conocer en toda su vida a un niño, adolescente o adulto con una patología autista marcada. La ignorancia y los prejuicios dificultan el reconocimiento tanto de esta enfermedad como de las formas en que se manifiesta. Por ello es común encontrar ideas como: “los niños autistas no reaccionan ante las personas”, “los niños autistas evitan mirar a los ojos”, “el niño no puede ser autista, porque habla” o ...”porque deja que lo tomen en brazos”.

SÍNTOMAS
A continuación se mencionan algunos ejemplos de trastornos en las diferentes áreas del desarrollo que tiene un niño con autismo, los cuales pueden ayudar tanto a padres como a profesionistas dedicados al trabajo con niños a detectar tempranamente este padecimiento y acudir con los especialistas para obtener un diagnóstico y tratamiento específico:

En su interacción con las personas, el niño autista las utiliza como si de objetos se tratase; no reacciona o lo hace de manera emotivamente contradictoria ante los disgustos; no percibe las necesidades de los otros. No dice adiós con la mano; no imita las actividades domésticas de la madre; mimetiza acciones de otras personas de manera mecánica, sin tener en cuenta el contexto o el sentido de la actividad; no participa activamente en juegos de grupo, prefiere jugar solo y utiliza en sus juegos a los demás niños como “ayudas mecánicas”; sólo tolera el contacto físico cuando la intensidad o el momento lo determinan; en contadas ocasiones mira a los ojos.

En la comunicación verbal predomina la articulación de frases con entonación interrogativa, repite mecánicamente palabras y frases sin atender el contexto ni el sentido. Si un niño autista dice: “¿Quieres pastel?”, la entonación y la mímica nos permiten saber a quién está realmente dirigida la pregunta. La inversión pronominal –utilizar “tú” cuando debería decir “yo”- manifiesta anomalías en la comprensión del lenguaje. Como cuando nos dirigimos a un niño le decimos “tú”, éste desarrolla su autoconciencia lingüística desde el pronombre “tú”. Como vemos el niño autista muestra un déficit en la comprensión del lenguaje; por eso al expresar algún deseo o necesidad, el autista la aplica tal como la escuchó; por lo mismo, utiliza el pronombre “tú”, en lugar de utilizar el “yo”. Su comportamiento se caracteriza por balancearse, girar, saltar repetidamente, mover las manos y los dedos delante de los ojos, aletear o aplaudir como expresión de excitación emocional. Golpea objetos y superficies, prefiere utilizar objetos con movimiento, rechaza la ropa nueva, come alimentos determinados y blandos, reacciona de manera negativa ante cualquier modificación en su rutina, ya sea un simple cambio en el mobiliario de la casa o en las rutas habituales y en los horarios. Se interesa por objetos que puede controlar tales como: interruptores, grifos y aparatos eléctricos.

PENSAMIENTO EN EL NIÑO AUTISTA
Ahora veremos la ausencia de representaciones mentales en la formación del pensamiento en el niño autista. Esto nos ayudará a comprender el porqué la interacción con las personas es limitada, además de las fallas en la formación cognitiva que estos niños presentan.

Como el niño autista no aprovecha las ofertas de comunicación o de ocupación necesarias para entablar relaciones y fomentar su desarrollo ni las tiene por ciertas, porque ni siquiera las percibe, tampoco las puede poner en relación con las percepciones fragmentarias que exige toda su atención. Por lo tanto carece de la condición previa para valorar las ofertas y aprovecharlas como experiencia.

La percepción es un proceso activo que depende, evidentemente, de estar motivado para querer percibir. Sólo una ayuda delicada en lo relativo al aprendizaje de la motivación podría disponerlo a realizar experiencias perceptivas (especialmente con personas).

La ausencia de una conducta imitativa en niños con limitaciones perceptivas tiene efectos graves sobre su capacidad de implicación social y, por tanto, sobre su desarrollo general. Como demostró el psicólogo suizo Jean Piaget, en los niños normales de dos años de edad las representaciones internas no se desarrollan tanto a partir de la percepción, sino a partir de la imitación interiorizada.

La conducta imitativa, entendida de momento como una especie de representación interna de actos corporales y aún no de procesos mentales, constituye, pues, la base de la representación mental y del juego simbólico. Los niños autistas carecen de las bases necesarias para el desarrollo tanto de la capacidad de representación interna como de la empatía.

En su segundo año de vida los niños no autistas desarrollan la consciencia de que un objeto o una persona existen aún cuando no se encuentren en su ámbito perceptivo, es decir, cuando no tiene al objeto o a la persona enfrente de él; tiene, pues, una representación mental del objeto o de la persona en cuestión. Sin esta capacidad de representación interna no se puede desarrollar la cognición que dé cuenta de aquellos aspectos permanentes e inmutables que poseen los objetos y las personas. El conocimiento de las relaciones interpersonales sólo se puede adquirir a partir de las representaciones internas resultantes de percepciones adecuadas a la realidad. Debido a sus deficiencias en la capacidad de representación y de elaboración, los objetos cuyas cualidades son más permanentes y, por lo tanto, más controlables resultan, para los niños autistas, mucho más atractivos que las personas, cuya existencia tienen que cuestionarse en el mismo momento en que desaparecen de su ámbito de percepción. Para la percepción de un niño con autismo las personas resultan muy complicadas y ambiguas: no es tan fácil tenerlas tan a mano ni manipularlas como a los objetos; además las personas interrumpen sus actividades favoritas y  modifican las rutinas.

EL CROMOSOMA 15
Para concluir me gustaría enfatizar que dentro de esta patología, el niño autista nace autista; no se vuelve ni enferma repentinamente, ya que los estudios genéticos apuntan a una alteración en el cromosoma 15 “Isodicéntrico”, relacionado con el autismo. En la actualidad existen más de 20 informes en la literatura de individuos con autismo y con “Idic”(15). La frecuencia de estos informes sugiere que la ocurrencia simultánea de autismo e “Idic”(15) no es debida al azar. Es posible que exista un gen o más en la región 15q11-q13 relacionados con el desarrollo de autismo. Por ello, mientras los descubrimientos avanzan a pasos agigantados, es importante mencionar que cuanto antes los padres detecten la sintomatología autista existen posibilidades de un mejor pronóstico.

                                                             

 
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