Esta enfermedad es causante del sufrimiento y el pesar que muchos jóvenes tienen que padecer y seguirán padeciendo hasta el momento en que se encuentre la cura. El acné no es una enfermedad mortal, pero su repercusión en la autoestima, en la autoimagen y su cada vez más frecuente asociación con síntomas psicológicos como la ansiedad y la depresión, la hacen una enfermedad con tendencia a síntomas psiquiátricos que culminan en el suicidio en muchos casos.
Consideraciones
El acné es una alteración de las glándulas sebáceas, que afecta principalmente la cara, pecho y la espalda. Se le considera una de las patologías más frecuentes, ya que afecta a uno de cada 10 adolescentes entre los 13 y 18 años. Representa uno de los motivos más frecuentes de consulta dermatológica. La evolución del padecimiento es crónica, puede dejar cicatrices graves y afectar de manera negativa la calidad de vida del afectado.
Causas
Esta enfermedad es muy compleja, para que se desarrolle se deben propiciar que se junten ciertos factores como son: obstrucción de la glándula generadora de cebo y exceso en la producción de este último debido a los cambios hormonales de la adolescencia, e infección por una bacteria denominada Propionibacterium acnes la cual es causa de la inflamación y de las características clínicas de la enfermedad.
Diagnóstico
Se realiza por la edad de aparición y las características clínicas de la enfermedad. Por lo regular no se necesitan exámenes especiales que apoyen al médico en su diagnóstico.
Manifestaciones
La forma habitual del acné ocurre en pacientes jóvenes, sobre todo adolescentes, primero se manifiesta por comedones (espinillas), para después pasar a las pápulas (grano) y a la inflamación o pústulas (grano con pus). La intensidad de la enfermedad puede ser variable desde formas leves, hasta lesiones desfigurantes que ocasionan graves problemas de adaptación social y de salud mental en los pacientes, sobre todo en los más jóvenes.
Tratamiento
El objetivo del tratamiento es reducir al mínimo las cicatrices y mejorar la apariencia. Su médico le deberá informar que se trata de una enfermedad controlable, que tiene periodos de exacerbación y remisión, y que el tratamiento farmacológico va encaminado a reducir la duración y la cantidad de las lesiones, pero no a inhibir por completo su salida.
Asimismo, le informará que no es correcto traumatizar las lesiones, ya sea por pellizcamiento o rascado, por el alto riesgo de cicatrización que existe.
Es importante que la persona afectada mantenga una higiene escrupulosa de la cara (u otras áreas con acné), pero es preciso que evite frotarse con demasiada energía las zonas afectadas. Para una eliminación más eficaz del exceso de sebo de la piel, bacterias y células cutáneas muertas, se recomienda utilizar leches limpiadoras o jabones no abrasivos y agua tibia. No deben usarse cosméticos oleosos, atomizadores y otros irritantes porque pueden agravar el acné. Los tratamientos tópicos (aplicados en la piel) adquiridos sin receta incluyen preparados con ácido salicílico, resorcinol, peróxido de benzoilo o ácido láctico. Los medicamentos adquiridos con receta para tratar el acné pueden incluir preparados tópicos más potentes, antibióticos, preparados que contienen isotretinoína (para las formas más graves) y anticonceptivos orales para las mujeres.
Complicaciones
Las principales son de tipo estético, las cuales a su vez pueden desencadenar los problemas de tipo psicológico, de adaptación social y en la baja de la autoestima.
|